Qué hacer en Calonge y alrededores: el tesoro rojo de Palamós

La gamba que cenamos en el patio de la casa, recién comprada en la lonja, no es una gamba cualquiera. Tiene nombre propio —gamba de Palamós— y desde 2009 hasta cuenta con una marca de origen, como si fuera un vino con denominación. Se pesca en un cañón submarino concreto frente a la costa, en un caladero que los pescadores llaman «Els Clots», uno de los siete puntos autorizados a lo largo del Cañón de la Fonera. De ahí sale ese color rojo intenso y esa textura melosa que ha hecho que la gamba de Palamós termine en las mesas de los mejores restaurantes del mundo, y nosotros la tuvimos en la mesa de nuestro propio patio, sin colas ni reservas.

Fuimos cuatro amigos una semana entera, hospedados en una casa en Calonge con piscina de agua salada, sin más plan que desconectar del verano de Barcelona haciendo turismo de proximidad. Nada de agenda apretada: algún día de pueblo, algún día de playa, y comidas largas en casa con lo que encontrábamos en el mercado. Si buscas qué hacer en Calonge y alrededores sin convertir las vacaciones en una carrera de sitios que tachar, esto es lo que nos funcionó.

Calonge, la base: un pueblo con nombre de colonia romana

Calonge tiene dos caras: el núcleo histórico, con su castillo del siglo IX construido para defenderse de las incursiones sarracenas, y Sant Antoni de Calonge, el frente marítimo más turístico. Sobre el nombre del pueblo hay debate entre historiadores: unos lo hacen venir del latín colonicum («de la colonia»), y otros de caluña, una palabra que designaba antiguamente una pequeña cala o bahía. Ninguna de las dos teorías se ha impuesto del todo, pero ambas encajan con lo que es hoy Calonge: un pueblo con raíces romanas asentado cerca del mar.

Como base para alojarse, Calonge tiene justo lo necesario: algún supermercado, un par de sitios donde tomar algo y tranquilidad de sobra para no sentir que estás en el centro turístico de la Costa Brava. Si lo que buscas es una casa con piscina como refugio entre excursión y excursión, funciona perfectamente; si necesitas más oferta de restaurantes y ambiente nocturno cerca, Sant Antoni de Calonge o Platja d’Aro, a pocos minutos en coche, tienen mucha más vida.

Peratallada: el pueblo que no se construyó, se excavó

De las tres escapadas de la semana, Peratallada es la que más impresiona nada más llegar. El nombre significa literalmente «piedra tallada» (del latín petra tallada, documentado ya en el siglo X como Petra Scissa), y no es una forma de hablar: el foso y buena parte de las murallas que rodean el pueblo no se levantaron piedra a piedra, se horadaron directamente en la roca viva del promontorio sobre el que se asienta. Literalmente, cavaron el pueblo en la piedra en vez de construirlo encima.

Dato curioso: el sistema defensivo de Peratallada es de los mejor conservados de toda Cataluña precisamente por eso: al estar tallado en roca y no levantado con muros añadidos, ha resistido siglos casi intacto.

Pasear por sus calles empedradas, sin coches, con las piedras del propio pueblo todavía visibles en el foso, es de esas cosas que impresionan igual con niños que sin ellos. No hace falta mucho más plan que perderse por las callejuelas y parar en alguna terraza de la plaza.

Monells: el pueblo de los molinos que hoy es puro silencio

Monells creció alrededor de un castillo del siglo X del que hoy apenas quedan restos de muralla, pero su nombre cuenta otra historia: viene de Villa Mulinnensis, es decir, «pueblo de los molinos», por los numerosos molinos que el río Rissec movía a su paso por la zona. Hoy el río sigue cruzando el pueblo, mucho más tranquilo que en su época de mayor actividad.

Su plaza porticada, la Plaça Jaume I, es el corazón del pueblo: en el siglo XVII llegó a acoger uno de los mercados de cereales y ganado más importantes de la comarca, y hoy es simplemente uno de los rincones más fotografiados del Empordà, con sus soportales de piedra y sus casas de tono amarillento.

Monells y Peratallada están a apenas diez minutos en coche, así que combinarlos en la misma mañana es fácil y no exige mucho más que pasear sin prisa por los dos.

Cala s’Alguer: la cala de pescadores que estuvo a punto de desaparecer

De las cuatro paradas de la semana, Cala s’Alguer es la más pequeña y la que menos conocida es. Apenas 60 metros de largo por cuatro de ancho, con 22 barracas de pescadores adosadas frente al mar, de piedra y con bóvedas de estilo catalán. La primera de esas casetas se remonta a 1521, cuando el pescador Pere Resador recibió el primer permiso de construcción.

Dato curioso: este pequeño enclave estuvo a punto de perderse. En algún momento del siglo XX hubo planes para derribarlo y urbanizar la zona, y solo se salvó gracias a la presión vecinal y de asociaciones de patrimonio. Desde 2004 está declarado Bien Cultural de Interés Nacional, y hoy National Geographic lo señala como una de las calas con más encanto de toda la Costa Brava.

Ir a primera hora de la mañana es la mejor forma de disfrutarla: es una cala pequeña, sin grandes servicios, y en pleno agosto se llena rápido. No es la cala para pasar el día entero con sombrillas y neveras, es la cala para parar media hora, hacer fotos entre las barracas y seguir camino.

El tesoro rojo: por qué la gamba de Palamós es diferente

Volviendo a la cena de la terraza: lo que hace especial a la gamba de Palamós no es solo el sabor, es de dónde sale. Se pesca en siete caladeros concretos a lo largo del Cañón de la Fonera —Rostoll, Candelero, Sant Sebastià, Abyssinia, Els Clots, Llevant y La Malica— a bastante profundidad, lo que explica su textura y ese color rojo tan característico. Desde 2009 existe la marca «Gambes de Palamós», un sello de origen que certifica que lo que compras en la lonja es de verdad de esa zona y no gamba de importación vendida bajo el mismo nombre.

Nosotras la compramos directamente y la cocinamos en casa, a la plancha, sin casi nada más que sal. Si vas a la zona, comprarla fresca en el mercado o en la lonja de Palamós y cocinarla tú mismo en lugar de pedirla en un restaurante turístico es, con diferencia, la mejor forma de probarla en su punto y sin pagar el sobreprecio de carta.

Cómo organizar una semana en Calonge y alrededores

Con Calonge como base, lo que mejor nos funcionó fue no encadenar un plan distinto cada día. Un día para Peratallada y Monells juntos, que están a diez minutos entre sí; otra mañana para Cala s’Alguer, temprano, antes de que se llene; y el resto de los días repartidos entre la piscina, la playa más cercana y el mercado para cocinar en casa. Si vas en verano como nosotras, esta mezcla de plan corto por la mañana y piscina o playa por la tarde es mucho más llevadera que intentar ver todo el Empordà en pocos días.

Para moverte necesitas coche: ni Peratallada, ni Monells ni Cala s’Alguer tienen buena conexión en transporte público entre sí, y las distancias son cortas pero incómodas sin vehículo propio. Con niños, tanto Peratallada como Monells se recorren bien porque son pueblos pequeños, peatonales y sin cuestas imposibles; Cala s’Alguer, al ser una cala de piedras sin arena, es más cómoda con niños algo más mayores que con bebés.

Sobre el alojamiento: no tenemos un precio exacto que darte porque cada casa y temporada varían mucho, en nuestro caso, pagamos unos 650 por pareja por una semana. Si buscas una zona tranquila con piscina como base para moverte por el Baix Empordà, Calonge cumple de sobra sin los precios de las zonas más turísticas de la Costa Brava en agosto.

Preguntas frecuentes sobre qué hacer en Calonge y alrededores

¿Cuántos días hacen falta para ver Peratallada, Monells y Cala s’Alguer?

Con un día completo puedes ver los tres con calma: Peratallada y Monells por la mañana, que están a diez minutos en coche, y Cala s’Alguer en otra franja del mismo día o al día siguiente, mejor a primera hora.

¿Se puede visitar Cala s’Alguer con niños?

Sí, aunque al ser una cala de piedras y sin apenas servicios, funciona mejor con niños que ya caminan bien que con bebés o niños muy pequeños que necesiten arena y sombra.

¿Dónde se compra la gamba de Palamós más fresca?

En la lonja o el mercado de Palamós directamente. Comprarla fresca y cocinarla en casa sale mucho más a cuenta que pedirla en un restaurante turístico de la zona.

¿Hace falta coche para moverse entre Calonge, Peratallada, Monells y Cala s’Alguer?

Sí. La zona no tiene buena conexión en transporte público entre estos puntos, así que el coche es prácticamente imprescindible para aprovechar bien los días.

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