Qué ver en Roma en 3 días: el barrio que la propia Roma despreciaba

Antes de ir a Roma nadie te avisa de una cosa: el barrio que hoy es la joya de la ciudad, ese donde todo el mundo te dice que vayas a cenar, nació siendo el vertedero social de la Roma antigua. Trastevere significa literalmente «al otro lado del Tíber» (del latín trans Tiberim), y durante siglos fue justo eso: el otro lado, el barrio de pescadores, curtidores y gente que no pintaba nada en el Foro. La Roma con mayúsculas miraba hacia allí con la misma cara que pondrías tú si alguien te dice que hay que cruzar las vías del tren para comer bien.

Fuimos con mi hermana y mi cuñada en enero, y ese desprecio histórico se nos quedó grabado por una razón muy poco romántica: cerca del Coliseo comimos una pizza que daba pena, y a dos kilómetros de allí, en ese barrio que Roma llevaba dos mil años ninguneando, comimos de maravilla. Algunas cosas no cambian.

Si tienes 3 días para Roma y buscas un itinerario que no sea solo una lista de monumentos, aquí va el nuestro: lo que vimos, lo que nos sorprendió, lo que no repetiríamos y algún que otro dato que no vas a encontrar en la guía que te dieron en el hotel.

Día 1: Roma imperial — el Coliseo no se llama así por los gladiadores

Empezar por el Coliseo y el Foro Romano es casi obligado, pero hay un dato que cambia cómo lo miras: el nombre «Coliseo» no tiene nada que ver con su tamaño colosal ni con los gladiadores. Su nombre oficial era Anfiteatro Flavio, en honor al emperador Vespasiano. Le empezamos a llamar «Coliseo» porque a su lado se alzaba el Coloso de Nerón, una estatua de bronce de unos 37 metros que representaba al emperador y que, tras su caída en desgracia, sus sucesores reconvirtieron a toda prisa en una especie de dios Sol genérico para no tener que fundirla. La estatua desapareció con el tiempo (probablemente en algún terremoto o saqueo del siglo V), pero el mote se quedó pegado al anfiteatro para siempre.

Dato curioso: Vespasiano mandó vaciar un lago artificial que Nerón se había construido en sus jardines privados para levantar el Coliseo en su lugar. Fue, básicamente, la primera jugada de relaciones públicas de la historia: devolverle al pueblo de Roma el terreno que un emperador se había apropiado para sí mismo.

La parte práctica: reserva entrada con horario para Coliseo, Foro y Palatino con antelación, sobre todo si vais en temporada alta (nosotras fuimos en enero y las colas fueron prudentes, pero en verano se hacen eternas). Y ojo con dónde comer justo alrededor del Coliseo: es zona de trampa turística pura y dura, con locales que ves venir a un kilómetro. A nosotras nos tocó una pizza bastante decepcionante ahí mismo. Guardaos el hambre de verdad para el día 3.

Día 2: el Vaticano — subir a la cúpula de San Pedro sin perder la cabeza (ni el aliento)

Nada te prepara del todo para la subida a la cúpula de la Basílica de San Pedro. Empieza ancha y cómoda, casi decepcionante de lo fácil que parece. Y entonces, sin avisar, el pasillo se va cerrando: la pared es curva porque estás subiendo pegada a la propia curvatura de la cúpula, y los últimos tramos son una escalera de caracol tan estrecha que tienes que subir de lado. Son 551 escalones en total si subes todo a pie; si coges el ascensor hasta la terraza, te ahorras el primer tramo, pero aún te quedan cerca de 320 escalones por delante.

A las tres nos entró un agobio considerable al ver lo que quedaba. Llegamos arriba sudando y un poco abrumadas, y solo de pensar en la bajada nos dio un ataque de risa que no se nos pasó hasta la calle. Nos lo tomamos a cachondeo y bajamos leyendo, en voz alta, las frases en latín que rodean la base de la cúpula por dentro.

Dato curioso: esas frases no son decoración cualquiera. Es una inscripción en mosaico que recorre todo el interior de la base de la cúpula, con letras gigantes —las fuentes varían entre 1,4 y 2 metros de altura— que dicen «Tu es Petrus et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam et tibi dabo claves regni caelorum» («Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y a ti te daré las llaves del reino de los cielos»). Está ahí desde principios del siglo XVII y es una de las inscripciones más grandes y citadas de toda Roma. Nosotras la leímos sin saber nada de esto, solo para distraernos del vértigo, y luego resultó ser justo el motivo por el que subimos.

Parte práctica: si vais en familia, con niños a partir de 8 años más o menos la subida ya es asumible; con más pequeños, mejor coger el ascensor y quedarse en la terraza (las vistas desde ahí ya merecen la pena) en vez de forzar los tramos finales. La entrada cuesta unos pocos euros más si subes en ascensor que si lo haces todo a pie. Reserva con tiempo si puedes: tanto la Basílica como los Museos Vaticanos suelen tener colas largas, y si tu viaje cae en fin de semana, ten en cuenta que los Museos Vaticanos cierran los domingos (excepto el último de cada mes).

Día 3: centro histórico y Trastevere — donde Roma respira de verdad

Reserva el último día para el centro más denso: Panteón, Piazza Navona, Fontana di Trevi, y cerrar en Trastevere. Todo se hace caminando sin problema; Roma histórica es compacta y no hace falta transporte entre estos puntos.

El Panteón merece parada larga por una razón muy concreta: tiene un agujero de casi 9 metros de diámetro en el techo —el óculo— que lleva casi dos mil años abierto al cielo, sin cristal ni nada que lo tape, y aun así el agua de lluvia casi nunca llega a mojar el suelo. El truco no es magia: el suelo está ligeramente inclinado hacia un desagüe perimetral, y la propia corriente de aire que genera el óculo empuja buena parte de las gotas hacia fuera antes de que caigan del todo. Es ingeniería romana pura, y funciona igual de bien hoy que en el año 128.

Y luego, Trastevere. Cruzas el Tíber y el ambiente cambia de golpe: calles más estrechas, ropa tendida entre balcones, menos prisa. Aquí es donde comimos de verdad bien en todo el viaje, después de la decepción cerca del Coliseo. Si algo aprendimos es que en una ciudad tan turística como Roma conviene mirar bien dónde te sientas a comer: cuanto más cerca del monumento más famoso, peor suele ser la relación calidad-precio.

Dato curioso: durante la época imperial, Trastevere era zona de inmigrantes, marineros y comunidad judía, gente considerada «de fuera» aunque llevara generaciones viviendo en Roma. Esa mezcla de culturas es, irónicamente, la que hoy le da al barrio su fama de auténtico. Lo que empezó siendo el margen de la ciudad acabó siendo su corazón.

Consejos prácticos si vais en familia

Fuimos en enero, y lo recomendamos: hay turismo pero nada agobiante, las colas son manejables y se agradece no derretirse caminando entre monumentos. El centro histórico está muy limpio; en las afueras, mientras te acercas en autobús desde el aeropuerto, se nota bastante más suciedad, así que no te lleves esa primera impresión como representativa de la ciudad.

Reserva con antelación todo lo que puedas: Coliseo, Museos Vaticanos y cúpula de San Pedro tienen entrada por franja horaria y las mejores horas vuelan. Y un último consejo que vale para cualquier viaje en avión, no solo para Roma: si alguien de tu grupo vuela por primera vez, avisadle de que el aterrizaje y las turbulencias son la parte que más se nota, no el despegue. A mi hermana el vuelo de ida le sentó fatal (con la vergüenza añadida de que el asistente de vuelo, un italiano encantador, se portó genial con ella), y en el de vuelta nos tocaron turbulencias que nos pusieron en alerta hasta a las que ya habíamos volado un montón de veces. No hay mucho que hacer salvo ir mentalizado y llevar algo para el estómago, pero mejor saberlo antes que durante.

Preguntas frecuentes sobre Roma en 3 días

¿Se puede ver lo esencial de Roma en 3 días?

Sí, siempre que aceptes que no vas a verlo todo. Con Coliseo y Foro, Vaticano y Basílica de San Pedro, y centro histórico con Trastevere, cubres los imprescindibles sin correr todo el rato.

¿Es Roma apta para ir con niños pequeños?

En general sí, es una ciudad muy caminable y con mucha vida en la calle. La excepción es la subida a pie a la cúpula de San Pedro, más recomendable a partir de los 8 años; con más pequeños, mejor quedarse en la terraza con ascensor.

¿Cuánto cuesta subir a la cúpula de San Pedro?

La entrada tiene dos precios según subas todo a pie o cojas el ascensor hasta la terraza (después toca caminar igualmente el último tramo). Conviene consultar el precio actualizado antes de ir, ya que estas tarifas cambian con cierta frecuencia.

¿Es necesario reservar las entradas con antelación?

Sí, especialmente Coliseo, Foro, Museos Vaticanos y cúpula de San Pedro. En temporada baja como enero se puede improvisar algo más, pero en primavera y verano las franjas horarias se agotan con días de antelación.

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