
En 1964, un vecino de Besalú llamado Esteve Arboix estaba excavando un pozo en su propio terreno cuando se topó con algo que al principio confundió con una antigua bodega: una sala subterránea de piedra, con una pequeña piscina en el centro. No fue hasta que se pidió la opinión de rabinos de París y Perpiñán, capaces de reconocer el diseño por su capacidad ritual de agua, cuando se confirmó lo que realmente era: un mikvé, un baño judío ritual, de estilo románico, de los siglos XII-XIII. Hoy está considerado uno de los pocos ejemplares de este tipo conservados en toda Europa, y el único conjunto de baños judíos rituales descubierto hasta ahora en la península ibérica.
La cámara mide unos 5,5 por 4,5 metros, con una piscina central de 2,5 por 1,5 metros, excavada bajo una bóveda de cañón de piedra tallada. Todo estuvo bajo tierra, olvidado, durante siglos, hasta que un vecino cavando un pozo lo sacó a la luz por pura casualidad.
El nombre del pueblo: una fortaleza entre dos ríos
Besalú viene del término celta o latino Bisuldunum, que significaría «fortaleza entre dos ríos», en referencia al Fluvià y al Capellades, los dos cursos de agua que rodean el pueblo. El mismo origen aparece también en Francia, en el topónimo Bezaudun, lo que sugiere raíces célticas compartidas a ambos lados de los Pirineos. Antes de convertirse en capital de un condado independiente durante la Edad Media, Besalú ya era una fortaleza celta desde el siglo III antes de Cristo.
El puente que ha sobrevivido a las crecidas del Fluvià


El puente medieval de Besalú, con sus siete arcos desiguales adaptados al propio cauce del río, está documentado ya en el año 1075 y de nuevo en 1284. Tiene una puerta fortificada en el primer pilar y una torre defensiva hexagonal en el quinto, y tuvo que reconstruirse después de una crecida importante durante el reinado de Jaime II de Aragón. Es, junto con el mikvé, la imagen más reconocible de todo el pueblo, y la que aparece en la práctica totalidad de las fotos de Besalú.
Visitar el mikvé y el pueblo con niños

El mikvé se visita con guía obligatoria, con horarios fijos por idioma que conviene consultar en la oficina de turismo de la plaza antes de ir (cambian según temporada). La entrada es gratuita para menores de 12 años, y el precio orientativo para adultos ronda los 2,25€.
Para completar el día con niños, Besalú tiene también el Museu MicroMundi, dedicado a miniaturas, y Circusland, dos planes pensados específicamente para el público infantil que funcionan bien como complemento a la parte histórica del pueblo.
Dónde comer en Besalú
El clásico indiscutible es el Pont Vell, pegado literalmente al puente románico y con las mejores vistas de todo el pueblo desde su terraza; aparece recomendado en varias guías gastronómicas por su cocina de producto de proximidad, con las vieiras y la fideuá como platos más nombrados (conviene reservar con antelación, sobre todo si quieres mesa con vistas al puente). Si buscas algo más sencillo y de brasa, Can Nou (antiguo Can Quei) es la apuesta más repetida entre quienes viven en la zona, con la carne a la brasa y los canelones como especialidad de la casa. Para un ambiente con más encanto, casi romántico, Cúria Reial juega con la decoración y el entorno histórico del edificio. Y si lo que buscáis es tapeo informal sin ceremonias, Quina Llauna y Can Cintet son las opciones más caseras y económicas del pueblo.
Dato práctico: en temporada alta y fines de semana, casi todos los restaurantes del casco histórico se llenan entre la 13:30 y las 15:00h. Si vais con niños y no queréis esperar mesa, comer un poco antes (13:00-13:15h) o directamente hacer un picnic junto al río Fluvià, a la sombra del puente, suele funcionar mejor que hacer cola.
Dónde dormir en Besalú (si queréis alargar la visita)
Besalú se ve perfectamente en un día, pero si os apetece dormir dentro del propio casco histórico, hay tres opciones que destacan por estar literalmente entre las piedras medievales del pueblo. Els Jardins de la Martana tiene la mejor ubicación posible: justo frente al puente medieval, en un edificio con más de un siglo de historia y vistas al Fluvià desde varias habitaciones. El Hotel 3 Arcs ocupa una casa de piedra restaurada en pleno casco antiguo, con habitaciones que cambian de estilo entre ellas y restaurante propio de cocina tradicional. Y el Hotel Comte Tallaferro, a un minuto andando de la plaza mayor, es la opción más sencilla y contemporánea de las tres, con terraza exterior abierta todo el año.

Dormir en Besalú tiene una ventaja que no se aprecia si vas solo de día: en cuanto se van los autobuses de turismo de un día (a partir de media tarde), el pueblo se queda prácticamente para quien se aloja allí, y pasear por el puente medieval sin nadie más alrededor, con la piedra iluminada, es una experiencia bastante distinta a la del mediodía.
Combinar Besalú con otros pueblos en el mismo día
Besalú da para una visita de 2-3 horas, así que la mayoría de familias lo combinan con algún pueblo cercano para aprovechar el desplazamiento. El más habitual es Castellfollit de la Roca, a solo 14 kilómetros y 10 minutos en coche: un pueblo diminuto —de los más pequeños de toda la provincia de Girona— construido literalmente sobre un acantilado de roca basáltica de más de 50 metros de altura, formado por antiguas coladas de lava. Es una parada corta (30-45 minutos son suficientes para el mirador y las calles principales), perfecta para completar la mañana o la tarde sin salirse de la Garrotxa.


Si el día da para más, la propia Garrotxa esconde su capa oculta más sorprendente un poco más adentro: Cataluña tiene 40 volcanes, la mayoría de propiedad privada, y muchos son visitables con niños en rutas cortas y llanas como la Fageda d’en Jordà. Para quien busca una escapada de fin de semana completa en vez de un solo día, Rupit i Pruit, algo más alejado hacia Osona, añade otro casco medieval con un puente colgante de madera que a los niños les suele encantar cruzar.
Cómo llegar y cuándo ir
En coche, Besalú está a unos 30 minutos de Girona por la C-66, la misma carretera que conecta con Figueres. En transporte público, la opción es autobús con la compañía Teisa desde Girona o Figueres, ya que no hay tren directo.
La primavera y el otoño son las mejores épocas para evitar tanto el calor como la masificación de turismo de un día que recibe el pueblo en pleno verano, cuando las callejuelas del casco histórico se llenan bastante más de lo que su tamaño real puede absorber con comodidad.
Preguntas frecuentes sobre qué ver en Besalú
¿Qué es el mikvé de Besalú?
Es un baño judío ritual de estilo románico, de los siglos XII-XIII, descubierto por casualidad en 1964 cuando un vecino excavaba un pozo en su terreno. Es el único conjunto de este tipo descubierto en la península ibérica.
¿Es necesario reservar para visitar el mikvé?
La visita es guiada y con horarios fijos según el idioma, así que conviene consultar en la oficina de turismo de la plaza antes de ir, ya que los horarios varían por temporada.
¿Es Besalú un buen plan con niños?
Sí. Además del casco histórico y el mikvé (gratis para menores de 12 años), el pueblo tiene el Museu MicroMundi de miniaturas y Circusland, dos planes pensados para niños.
¿Cuánto tiempo hace falta para ver Besalú?
Con 2-3 horas se puede recorrer el puente medieval, el casco histórico y el mikvé con calma. Si añades alguno de los museos infantiles, cuenta con media jornada completa.
¿Dónde comer en Besalú?
El Pont Vell, junto al puente, es la opción más reconocida por su cocina de producto y sus vistas. Can Quei es más informal, especializado en carnes a la brasa, y Quina Llauna o Can Cintet funcionan bien si buscáis algo más sencillo y económico.
¿Qué otro pueblo se puede visitar el mismo día que Besalú?
Castellfollit de la Roca es la combinación más habitual: está a solo 14 km (10 minutos en coche) y se visita en menos de una hora, con su espectacular mirador sobre el acantilado de roca volcánica.


